¿Existe el control climático?

"Quien controle el clima, controlará el mundo" dijo Lyndon B. Johnson en 1962, poco antes de convertirse en el presidente 36° de EEUU. No era una metáfora ni una advertencia abstracta: cuatro años después de esa frase, su propio gobierno ya estaba probando cómo hacerlo.

El experimento que desató al monstruo

En octubre de 1966, mientras la guerra de Vietnam se estancaba, el Departamento de Defensa de EE.UU. probó una nueva maniobra militar en el valle del Río Se Kong, en Laos: sembrado de nubes con yoduro de plata. Hicieron más de 50 experimentos. El 82% de las nubes sembradas produjo lluvia.

El resultado fue tan efectivo que generó preocupación incluso dentro del propio gobierno. El Departamento de Estado evaluó el proyecto y advirtió que la técnica era, literalmente, "demasiado exitosa", con cierto riesgo de generar efectos regionales impredecibles, más allá de la zona objetivo. Aun así, Dean Rusk, el Secretario de Estado, aprobó la continuación del proyecto un 15 de noviembre de 1966.

Así nació la Operación Popeye, que se extendió de 1967 a 1972: aviones C-130 volando desde una base aérea en Tailandia, esparciendo yoduro de plata sobre las nubes del sudeste asiático. El objetivo, documentado en las audiencias del Senado de 1974: ablandar los caminos de tierra que usaba el ejército norvietnamita, provocar derrumbes, inundar cruces de ríos y mantener el suelo saturado más tiempo del normal.

En los números oficiales (que el propio Pentágono reconoció) se registraron: 2.602 misiones, 47.409 unidades de sembrado esparcidas y un costo de 21,6 millones de dólares. El resultado medible: la temporada de lluvias en la zona objetivo se extendió de un promedio de 30 a 45 días.

¿Se puede guardar un secreto tan bien?

Acá está el dato que casi nadie cuenta: la operación fue tan compartimentada que los propios comandantes de campo muchas veces no sabían el verdadero propósito de sus misiones. Los registros se disfrazaban. Un grupo reducido de funcionarios controlaba toda la información.

Cuando el Congreso presionó por respuestas ante las acusaciones, el entonces Secretario de Defensa Melvin Laird negó ante el Congreso que Estados Unidos estuviera modificando el clima en Vietnam. La ironía documentada años después: Laird había sido mantenido al margen del programa real: ni siquiera él, la máxima autoridad militar del país, tenía el cuadro completo. La decisión se manejaba directamente entre un puñado de funcionarios del Pentágono, la Casa Blanca y Henry Kissinger, sin pasar por los canales institucionales normales.

En 1974, el Senado realizó audiencias clasificadas — los senadores Claiborne Pell y Clifford Case escucharon, en una sesión alto secreto, los detalles completos de un programa que llevaba cinco años en marcha. Un teniente coronel que había participado, Ed Soyster, declaró que el monitoreo del tránsito enemigo en las rutas donde había llovido "verificó, más allá de toda duda, los efectos adversos naturales de la lluvia" sobre la logística del enemigo.

La ley que “intentó” frenar al mounstruo

En 1978 entró en vigor la Convención ENMOD de la ONU, que prohíbe específicamente el uso hostil de técnicas de modificación ambiental con fines militares. No fue una medida preventiva ni teórica, fue la respuesta directa a lo que se descubrió en Vietnam. La prueba documental más contundente de todo este caso no es una sospecha: es una ley internacional que existe porque esto ya pasó y fue lo suficientemente grave como para que el mundo decidiera intentar que no volviera a pasar.

China y la operación más grande de la historia

Acá es donde todo el panorama cambia de tono: lo que sigue no es un programa oculto que salió a la luz por filtraciones, es una política de Estado con cifras oficiales.

China modifica el clima desde los años '50, pero la escala actual no tiene comparación con nada de la época de la Guerra Fría. En 2015 lanzó Tianhe ("Río del Cielo"), un proyecto diseñado para capturar vapor de agua del monzón indio mientras cruza el sur de la meseta tibetana, y redirigirlo hacia la cuenca del río Amarillo, en el norte árido del país. Descrito por informes gubernamentales como un "corredor aéreo" capaz de generar hasta 10.000 millones de metros cúbicos de lluvia al año sobre 1,6 millones de km².

En diciembre de 2020, el Consejo de Estado chino anunció algo todavía mayor: la expansión del programa a 5,5 millones de km² (el 60% de la superficie total del país) con el objetivo de tener un "sistema de modificación climática desarrollado" para 2025, y a "nivel mundial avanzado" para 2035. En enero de 2021 hizo su primer vuelo el Ganlin-1, el primer dron chino diseñado específicamente para sembrado de nubes, con un alcance de 5.000 km.

Hoy, el programa emplea a más de 37.000 personas y genera oficialmente 55 mil millones de toneladas de lluvia artificial por año. Un dato geopolítico que casi no se discute en medios occidentales: académicos especializados en derecho internacional advierten que China no tiene, hasta el momento, un marco legal que garantice evaluación de impacto transfronterizo, por lo cual los países vecinos podrían verse afectados por decisiones climáticas tomadas unilateralmente, sin mecanismo de consulta obligatoria.

Actualidad

Cuando se habla de manipulación climática, casi siempre aparecen dos nombres: Chemtrails y HAARP.

Las versiones extraoficiales hablan de generación de nubes mediante estelas de condensación de aviones (Chemtrails) y programas de investigación de la ionósfera con antenas de radio (HAARP). Si bien el primer punto forma parte de teorías que no han sido corroboradas al día de hoy, el segundo punto (HAARP) sí es real y está comprobado que existe. De hecho, no es la única instalación de este tipo: Rusia, Noruega y otros países operan tecnología similar para investigar la ionósfera.

Además, ente 1890 y 2014 se registraron más de 200 patentes relacionadas con tecnología de modificación climática (sembrado de nubes, geoingeniería solar, etc.). Desde 2014 esta información dejó de compartirse públicamente.


La pregunta que queda abierta

La modificación climática localizada (inducción o intensificación de lluvias en una zona puntual) no es una teoría. Es un hecho documentado y verificado, con casos que van desde una guerra hasta programas estatales que hoy se anuncian oficialmente.

Por lo general nos encontramos en procesos cíclicos donde lo que comienza como una conspiración se desmiente en primera instancia, y luego de años de estudios y filtrado de información, se comprueba como algo verídico..

Te invitamos a sacar tus propias conclusiones, no sin antes mirar diariamente el cielo que te rodea.

día publicado

14 ago 2026

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15 min

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